martes, 14 de diciembre de 2010
No tiene sentido
Gritos, lágrimas, reproches, tensión, dolor, angustia, temblor, presión, sudor, desesperación... Y después, subo dieciséis escaleras, me siento en el suelo, con las botas puestas y con la televisión en standby. La luz de la pequeña luna no se atreve ni a entrar por las lamas de la ventana. Me echo las manos a la cabeza y escucho mi corazón. A cien por hora, o a mil, ni siquiera puedo contar, solo siento. De repente mi cabeza se enreda en un cúmulo de ideas, de pensamientos, de sensaciones, que no son compatibles las unas con las otras. Por un lado, la locura se desata, la vena del cuello se hincha, deseo huir, irme lejos, y por otro, siento empatía por las personas que me han dado la vida. ¿Qué debo hacer? Me siento perdida, sola, vacía, con miedo. Se que no tiene ningún sentido. Que con sonrisas la vida sabe mejor. Bajo. Os abrazo. Buenas noches.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Adiós
Una mañana me levanté, sin tener conocimiento de que me depararía ese día. Sería la última noche en la que descansaría con el corazón contento, con el corazón tranquilo.
Bebí tanto alcohol que cuando todo ocurrió, ni siquiera era consciente, no quería serlo. Eran altas horas de la noche, y no estaba lúcida como para razonar, y adivinar que sería la ultima vez que traspasaría esa puerta. Lo último que escuché fue el ruido del motor del coche, y no conducía él, sino un sinfín de grados de alcohol.
Al día siguiente, toda la culpa se la atribuí a ese alcohol, pero no la tenía él... en mi cabeza solo se oía un nombre, del que no podía estar segura del todo.
Pasaron duros meses, en los que intenté ser fuerte, intenté ser madura, pero mi estómago no estaba contento, sentía angustia, dolor, y las lagrimas eran las protagonistas de mi personalidad. Una personalidad que siempre había estado marcada por una sonrisa, que al final de las mejillas provocaba unos hoyuelos que ya no tenía.
Mi carácter empezó a cambiar, mi vida laboral se iba a la mierda, y la personal estaba en la mierda más profunda que pudiera existir en mi pequeño mundo. Apenas podía hacer las cosas más simples de un día a día. Cada vez que cogía el volante empezaba a temblar, si oía una canción que me recordara a los últimos cinco años, sentía hasta mareos. No quería mirar atrás, pero tampoco era capaz de mirar hacia delante. Cerraba los ojos, y esperaba una mano que me cogiera por el hombro y me dijera, " tranquila estoy aquí. Te quiero."sucedido de un abrazo. Pero eso nunca ocurrió. No era una película, era la vida real, en la que solo había estado de vacaciones en momentos extremos, ya que mi vida se basa en sueños entre nubes.
Ahora ya ha pasado bastante tiempo, y si me paro a pensar, se que esto forma parte del aprendizaje de mi vida, que "gracias" a esto seré más fuerte, y que me estoy creando como eso que denominan " persona". No sé si lo sé o es solo lo que dicen los mayores.
La espinita sigue en mi corazón, y no me la puedo quitar ni con miga de pan, probablemente en un futuro me reiré, y no me importará.
Si vuelvo a nuestro rincón, el que ahora compartes con ella, se que olerá solo a sal y que ese olor caprichoso de sonrisas y felicidad nunca más volverá.
Bebí tanto alcohol que cuando todo ocurrió, ni siquiera era consciente, no quería serlo. Eran altas horas de la noche, y no estaba lúcida como para razonar, y adivinar que sería la ultima vez que traspasaría esa puerta. Lo último que escuché fue el ruido del motor del coche, y no conducía él, sino un sinfín de grados de alcohol.
Al día siguiente, toda la culpa se la atribuí a ese alcohol, pero no la tenía él... en mi cabeza solo se oía un nombre, del que no podía estar segura del todo.
Pasaron duros meses, en los que intenté ser fuerte, intenté ser madura, pero mi estómago no estaba contento, sentía angustia, dolor, y las lagrimas eran las protagonistas de mi personalidad. Una personalidad que siempre había estado marcada por una sonrisa, que al final de las mejillas provocaba unos hoyuelos que ya no tenía.
Mi carácter empezó a cambiar, mi vida laboral se iba a la mierda, y la personal estaba en la mierda más profunda que pudiera existir en mi pequeño mundo. Apenas podía hacer las cosas más simples de un día a día. Cada vez que cogía el volante empezaba a temblar, si oía una canción que me recordara a los últimos cinco años, sentía hasta mareos. No quería mirar atrás, pero tampoco era capaz de mirar hacia delante. Cerraba los ojos, y esperaba una mano que me cogiera por el hombro y me dijera, " tranquila estoy aquí. Te quiero."sucedido de un abrazo. Pero eso nunca ocurrió. No era una película, era la vida real, en la que solo había estado de vacaciones en momentos extremos, ya que mi vida se basa en sueños entre nubes.
Ahora ya ha pasado bastante tiempo, y si me paro a pensar, se que esto forma parte del aprendizaje de mi vida, que "gracias" a esto seré más fuerte, y que me estoy creando como eso que denominan " persona". No sé si lo sé o es solo lo que dicen los mayores.La espinita sigue en mi corazón, y no me la puedo quitar ni con miga de pan, probablemente en un futuro me reiré, y no me importará.
Si vuelvo a nuestro rincón, el que ahora compartes con ella, se que olerá solo a sal y que ese olor caprichoso de sonrisas y felicidad nunca más volverá.
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